Investigamos para seguir los métodos y técnicas tradicionales en pintura artística que tan buenos resultados han producido a lo largo de la historia valorando también las modernas tecnologías.

 

   Nuestra iconografía es siempre enteramente original desarrollando e inspirándonos en los antiguos maestros.

La editorial Edelvives ha creído oportuno incluir la imagen de uno de mis cuadros en su libro de texto de religión de secundaria, nada menos que junto a otros de Caravaggio y Guido Reni, lo cual a mi mismo me sorprende.

Pintura al Fresco en la Iglesia de San Francisco, Laredo, regentada por las MM. Trinitarias.

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Pintura al fresco contemporánea. Javier Hoyos.

Fotos del proceso y pormenores

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Iconografía y espiritualidad del fresco de la iglesia de San Francisco.

 

Tuve un profesor de latín, fraile capuchino, que repetía que “toda traducción es una traición”; así en el lenguaje plástico cuando se traslada al lenguaje verbal. Pero…sea.

 

El fresco, situado en el sotocoro de la iglesia de San Francisco, tiene una medida aproximada de más de 9 metros por su parte más ancha y más de cuatro por la más alta  por su parte más alta. Se articula en torno a la figura de la Santísima Trinidad, el Dios vivo en tres personas, pero no persona en sentido humano, cotidiano, sino en sentido filosófico.

 La Santísima Trinidad aparece en el centro del mural porque centro es de toda la religiosidad y significación del templo y, para el cristiano, fin último que dota de sentido todo lo demás; así también en el mural. Dispuestas en sentido vertical, se ubica a Cristo en la parte baja porque, hecho hombre, se abajó asumiendo voluntariamente las limitaciones humanas y sin perder su naturaleza divina anduvo entre nosotros. Su figura, frontal, algo hierática, solemne, como corresponde a su dignidad, está inspirada, mutatis mutandis, en los pantocrátores bizantinos y románicos, sentado en un trono de piedra no suntuoso, pero de aspecto sólido. Debajo, a los pies de Cristo, un orbe, así llamado no por representar la Tierra como suele creerse, sino la Creación entera.

  Más arriba, Dios Padre con los brazos abiertos como Creador y Sostenedor de lo creado, irradiando luminosidad que simboliza su omnipotencia benéfica. En su pecho aparece el Espíritu Santo “que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria”…(Credo Niceno) en su tradicional representación en forma de paloma según la aparición durante el bautismo de Cristo.

En el lado de la epístola, o sea, a la derecha de Cristo, izquierda del espectador, una representación del pueblo de Dios en visón diacrónica, desde los profetas de la Antigua Alianza, la Edad Media y hasta nuestros días. De izquierda a derecha, un adorador en actitud sumisa acompañado de un ángel; dos profetas del Antiguo Testamento sosteniendo uno de ellos un texto del Eclesiástico atribuido al sabio hebreo Jesús (no Jesucristo) que en legua latina[i] dice (traducción de Nácar-Colunga): “Mucho más diría y no acabaría, y el resumen de nuestro discurso será: “Él lo es todo”, síntesis magistral de toda la Revelación Este texto ha sido elegido también por las palabras que continúan, aunque no estén reflejadas en el mural, que son: “Si quisiéramos dignamente alabarle jamás llegaríamos porque es mucho más grande que todas sus obras”: así también el trabajo del pintor cristiano, que por mucho que se esfuerce jamás llegará a reflejar adecuadamente la grandeza de Dios. También está incorporada una monja trinitaria en actitud de oración, cuya comunidad es titular del templo y animadora perseverante del culto religioso. Sigue una representación del pueblo cristiano laico, desde niños hasta ancianos, todos ellos contemplando la Divinidad. Especial mención para los dos santos representados: por un lado, San Juan de Mata en actitud contemplativa, fundador de la Orden Trinitaria, con unos grilletes en la mano, símbolo de su actividad liberadora de cristianos cautivos por los musulmanes[ii], devolviéndoles la libertad y evitando su apostasía en el ahora llamado “síndrome de Estocolmo”; también San Francisco de Asís, cuya es la advocación de la iglesia, con el famoso lobo de Gubbio, episodio de la vida del santo que bien puede simbolizar el enorme poder de la mansedumbre y la confianza en Dios[iii].

   Al otro lado, en el del Evangelio, se muestra a los preferidos de Cristo, la Humanidad sufriente señalada en las bienaventuranzas del muy significativo Sermón de la Montaña, corazón de la doctrina de Jesús de Nazaret: “Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora padecéis hambre porque seréis hartos. Bienaventurados los que ahora lloráis porque reiréis”… (Lucas, cap.6) Aquí se muestran niños abandonados de la calle, una anciano que llora su triste soledad, gentes sin vestido o en grave crisis espiritual, enfermos que suplican por su padecimiento… y con ellos, ángeles mediadores, custodios, que interceden y señalan el camino de Cristo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

 Finalmente, en el extremo del lado del Evangelio, un ángel mira en actitud apacible fuera del mural, al espectador, a nosotros, bien lejos del ruido mundano de la ciudad que aparece en el fondo, tal vez interrogándonos sobre nuestra respuesta…

 



[i] Se emplea el latín por ser la lengua universal de la Iglesia Católica.

[ii] San Juan de Mata construyó toda una organización, la Orden Trinitaria, dedicada en nombre de Dios al rescate de cautivos y llegó a devolver la libertad física y espiritual a miles de cristianos de la esclavitud musulmana, entre ellos a nuestro más insigne escritor, Miguel de Cervantes. Pero, además, uno de sus procedimientos consistía en intercambiar cautivos cristianos por cautivos musulmanes en manos de cristianos, devolviendo la libertad a ambos.

[iii] Este era un lobo solitario que causaba terror en la comarca italiana de Gubbio, matando personas y animales. San Francisco fue en su busca y mediante su benevolencia consiguió amansarle de modo casi instantáneo y que la población de Gubbio le acogiera y alimentara como si fuera la querida mascota de todos, no solo infundiendo mansedumbre al lobo sino también al pueblo todo.

El 31 de diciembre de 2022 se terminó la pintura al fresco del sotocoro de la iglesia de San Francisco, en Laredo (Cantabria)

Se han utilizado: (aprox.)

625 KG. de arena gruesa de sílice-

500KG. de arena media de sílice.

250KG. de arena fina (polvo) de mármol de Carrara y Macael.

640KG. de pasta de cal añejada 5 años.

 Los pigmentos utilizados han sido, tras diversas pruebas, la Tierra de Sombra de Chipre y el Ocre Habana. Estos pigmentos, tras exhaustivas pruebas de laboratorio y experiencia práctica, han mostrado excelentes propiedades en resistencia a la alcalinidad de la cal, la humedad y la fotodegradación. Ambos pigmentos se han utilizado disueltos exclusivamente en agua de cal. Por su afinidad cromática entre sí y con el resto de la iglesia han logrado la integración estética y arquitectónica con el resto del edificio. 

 

Las dimensiones de la pintura al fresco son, aproximadamente, 9,5 metros de ancho y 4 por su parte más alta.

 

 

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